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domingo, 1 de enero de 2012

La última noche del año (I)

- Repitamos, primero vienen los cuartos, rápidos, que nos preparan para lo que serán las campanadas.

- Muy cierto. Cuidado con no confundirlos con las verdadera campanadas.

- ¡Qué nervios! ¡La Puerta del Sol  es un hervidero de emociones, señoras y señores, apenas quedan cinco minutos para dar la bienvenida al nuevo año.

Blanca miró a su alrededor. El salón iluminado y más vacío que nunca le devolvió la mirada, dura y cruel, como riéndose de ella. Cerró los ojos deseando en silencio oir el ruido de las llaves al salir de uno de los bolsillo de su abrigo e introducirse en la cerradura. Ya podía verle entrando por la puerta, corriendo hacia ella, abrazándola hasta dejarla sin respiración, besándola hasta irritarle los labios.
Pero nada de eso sucedió, la presentadora del programa especial dio un grito nervioso anunciando que quedaban cuatro minutos para las campanadas y Blanca abrió los ojos, despacio, con un peso frío anclado en su estómago al darse cuenta de que Alex no iba a volver.

- ¿Seguro que no quieres venir, cielo? Estarán todos, incluso el pequeño Diego que seguro que consigue animarte un poco. Te echamos de menos, cariño. Y es la última noche del año, no deberías estar sola en casa, tienes que distraerte, aquí vas a pasártelo bien...

La voz de su madre aun resonaba en su cabeza, como las vagas excusas que había respondido ella con la mirada ausente, perdida.
No, había pasado las cuatro últimas Nocheviejas en casa, con él, con sus carcajadas cuando Blanca se atragantaba con las uvas y su beso de Año Nuevo. Solo se bastaban ellos para hacer perfecta una noche especial. Él se había ido hace un mes, cuando su cuerpo no pudo aguantar más el peso de la enfermedad que le acosaba desde hacia un año y ahora Blanca iba a pasar la Nochevieja dejándose llevar por los recuerdos y la tristeza.


Esta es la última, lo prometo. A partir de mañana empezaré a salir, seguiré adelante, como te prometí. Pero déjame estar contigo una noche más.

Los cuartos comenzaron a sonar mientras los presentadores y toda España aguardaban con expectación. Blanca ni siquiera hizo amago de coger sus doce uvas. Se quedó acurrucada en el sofá, viendo sin ver, oyendo sin oír, como se cerraba un año recordando todos y cada uno de los momentos vividos a su lado.
Las doce campanadas terminaron y estalló el júbilo.

Blanca cerró los ojos mientras dos lágrimas caían por sus mejillas, sintiendo una caricia y un beso en la frente.

- Feliz Año nuevo, Alex.

Media hora después salía de su apartamento, esquivando a todas aquellas personas ebrias de felicidad que inundaban las calles de Madrid, camino a casa de sus padres.
Para bien o para mal, había cerrado un capítulo de su vida. Ahora tocaba avanzar.

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