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lunes, 25 de abril de 2011

Siempre Lily.

- Así que Courtny ya es historia.

Los tres amigos estaban en el salón de casa de James.
Henry, que estaba sentado en una butaca amplia de manera desgarbada, había llegado hacía unos minutos con un café helado del Seven en la mano y bebía pequeños sorbos mientras escuchaba el disco que había puesto en el gramófono; Benny Goodman llenaba el salón con su “Moonglow” y Henry se encontraba muy relajado.

- ¿Y cual es la razón, Jimmy?

Matthew por su parte, se hallaba tumbado en el sofá, espatarrado, parecía un modelo al que estuvieran dibujando. Miraba al alto techo invadido también por la relajante música. Su pelo negro se esparcía rebelde por un cojín de color claro y su mano derecha colgaba tocando el suelo.

- Ya la sabes, Matt, no preguntes.

James estaba sentado en el suelo con la espalda apoyada en el respaldo de una butaca idéntica a la que Henry usaba de asiento, situada frente a él.

- La pelirroja.

James no contestó ya que no era una pregunta, Matt lo había afirmado y Matt había acertado.
Hacía días que pensaba que acabar con Courtny sería lo mejor para los dos, no podía nada más que pensar en Lily, la recordaba con ese vestido en la fiesta, con su pijama hecho para su perdición, de sus largas y estilizadas piernas, de su sonrisa, su indomable pelo rojo y sus preciosos ojos verdes. Lily en todos los tamaños y colores, soñaba con ella incluso despierto, Lily sonriente, Lily enfadada, Lily cantando, Lily desnuda, Lily con ropa, siempre Lily. Y James no sabría decir porque no podía dejar de pensar en ella, simplemente lo hacía y le estaba volviendo loco.

- El James que conocía se habría metido en su cama y habría saciado su “capricho” para luego seguir con Courtny.- comentó Matt y James sintió como si le clavarán un puñal.

- No todos somos como tú, Matt.

Cualquier persona cuerda habría intentado relajar el ambiente, pero Henry sabía que esa conversación era necesaria y hasta que no viera realmente la necesidad de intervenir, él no lo haría. Henry había comprendido perfectamente a James, incluso sabía que todo esto ocurriera, antes de que el propio James se diera cuenta de que sentía algo por Lily, pero Matt ha sido siempre de tradiciones y en el fondo le molestaba pensar que su mejor amigo hubiera echado raíces y se hubiera pillado por una chica.
Enamorarse de alguien es de débiles, te expones y eres totalmente vulnerable, tarde o temprano ese alguien te hiere.
Por eso, Matt no veía con buenos ojos que James estuviera tan colado por Lily, no quería que ella lo hiriese, jamás permitiría que alguien hiciese daño a James.

- Ya lo sé.- contestó con una sonrisa ladeada.- Pero es lo que habrías hecho un par de meses antes.

James no lo rebatió porque sabía que era verdad, admitía que había sido un verdadero cerdo con las chicas y empezó a salir con Courtny de una manera más o menos estable para intentar madurar, pero ella no le llenaba.

- Con Lily es diferente.- murmuró James.

Le dolía todo este asunto pero al fin y al cabo, James era su amigo, su hermano, y nunca dejaría de apoyarlo, si resultaba que Lily era una arpía que le acabara dejando hecho polvo, Matt estaría allí para recoger sus restos y llevárselo de borrachera, o al fin del mundo para lograr animarlo.
Matt le había leído el pensamiento, como siempre, a pesar de todo James sabía que Matt siempre estaría ahí.
Por eso se relajó muchísimo cuando Matt le miró y le sonrió como un chispazo con esa mirada pícara que le caracterizaba.
A James se le iluminó la mirada y le dio las gracias sin abrir la boca pero sabiendo que Matt las recibiría igualmente.

- ¿Qué estamos oyendo?- le preguntó James a Henry que sonreía con los ojos cerrados y la cabeza inclinada hacia atrás.

Era lógico que no conociera la canción, puesto que James no conocía ninguna canción que no tuviera letra y por tanto, que no pudiera tararearse en la ducha, mientras se va asesinando la melodía.

- Benny Goodman.- contestó Henry abriendo los ojos.

James le miró alzando una ceja; seguía sin saber quien era, claro, así que Henry lo siguió intentando. “Es swing”, le explicó, pero nada.

- ¿Big Bands? ¿Jazz caliente?

Matt se incorporó del sofá como si hubiera olfateado alguna presa.

- ¿Has dicho caliente?

- Me decepciona vuestra incultura musical.- Henry negó con la cabeza.- No se por qué me hablo con vosotros.

James se subió las gafas desde su sillón.

- Porque soy simpático.- aseguró sonriendo.

Henry le miró y en ese momento recordó esa misma cara, siete años antes, en la habitación de los chicos de primer curso en el internado; emocionada, noble y gamberra.
<<Algo más que simpático, James>> pensó Henry sonriendo.

- Yo no.- ladró Matt a su izquierda, desde el sofá donde ha vuelto a espatarrarse.- Pero soy guapo.



martes, 19 de abril de 2011

Porque lloraste

Abres los ojos. Esos ojos verdes que dicen tantas cosas, que me cuentan tus secretos, que te traicionan y me chivan todo lo que pasa por tu cabeza.
Me sonríes. Iluminando la habitación más que el sol
Tu pelo castaño cae desparramado por la almohada y tú te desperezas con tu cuerpo desnudo enredado en las sábanas. Y en mí.

-  ¿Por qué no me has despertado?

La misma pregunta

- Porque me encanta verte soñar.

La misma respuesta.

Me inclino sobre ti y te beso. Me besas. Nos besamos.
Cuando me aparto tus mejillas están sonrojadas pero tu mirada es traviesa, como si estuvieras recordando lo que hicimos anoche y quisieras que yo lo supiera; que lo recordara contigo.
No hace falta que hagas eso, llevo pensando en ello desde que te quedaste dormida.

- ¿Sabes por qué me enamoré de ti?

Lo suelto sin pensar y tú me miras sorprendida porque nunca me has odio hablar de mis sentimientos.
Y es eso, tu silencio y tu mirada lo que me animan a seguir.

- Fue cuando nos vimos en aquel parque. Te recuerdo sentada en aquel banco, muy quieta, apenas sin pestañear. Pensé que quizá necesitabas ayuda y te hablé.

Tus ojos siguen reflejando sorpresa. Aquella era la primera vez que nos habíamos visto, ocurrió la tarde que nos conocimos.

- Recuerdo que me mandaste a la mierda con un moratón en tu ojo derecho y varios cortes en las manos. Pero ya sabes lo cabezota que soy yo y claro, no me iba a dejar intimidar por una chiquilla con mala leche. Insistí, te molesté, estiré tu paciencia hasta que explotaste. Hasta que empezaste a gritarme, a insultarme e incluso intentaste pegarme. Echaste fuera todo lo que tenías dentro, todo el veneno que te estaba matando poco a poco y de pronto, te callaste y te pusiste a llorar. Desconsoladamente. Como una niña pequeña. Llorabas tanto como para expulsar tu alma en forma de lágrimas.

- ¿Y por eso te enamoraste de mí? ¿Porque intenté espantarte a golpes? ¿O fue mi ojos morado? - Los recuerdos te duelen. Lo sé. Pero alzas una ceja despreocupadamente, intentando no pensar mucho en tu pasado

- No, me enamoré de ti porque lloraste. Lloraste y confesaste que te sentías sola y me pareciste muy humana. Dijiste claramente lo que pensabas de todo lo que te rodeaba. Yo también he cometido errores y me he sentido muy desdichado, pero nunca fui lo suficientemente sincero como para llorar.
Cuando aquella tarde te abracé con fuerza ya estaba enamorado de ti. Ya deseaba curar todas tus heridas a besos, espantar tus pesadillas y abrazar tus sueños.

No se descifrar tu expresión. Es la primera vez que abro mi corazón y creo que te empezarás a burlar de mí en cualquier momento. Es increíble, pero creo que estoy sonrojado. Aunque tu no dices nada, solo me abrazas y hundes tu rostro en mi pecho.

Después noto como tus lágrimas empiezan a mojarme.

lunes, 4 de abril de 2011

Seize the day

La tienda de discos estaba llena de gente aunque no tanta como para resultar agobiante permanecer alli durante más de un minuto.
Todos me habían aconsejado que me quedara en el hotel, pero yo estaba harto de estar encerrado y aunque estuviera diluviando salí a la calle a pasear por aquella ciudad desconocida, sin rumbo alguno, con la capucha enfundada y sin importar estar empapándome.
La gente caminaba con prisa, sin prestar atención a nada ni a nadie. Un grupo de chicas adolescentes pasó por mi lado corriendo, gritando e intentando encontrar un refugio; parecía que la lluvia las había sorprendido a pesar de que el cielo llevaba encapotado todo el día. A ti te encantaba la lluvia, reías de felicidad cuando el cielo se volvía gris y comenzaba a caer agua y quizá por eso este tipo de días se me hacen insoportablemente duros.
Te echaba tanto de menos...
Entonces vi una pequeña tienda de discos y sin dudar entré, este tipo de sitios siempre me traían buenos recuerdos, al fin y al cabo, fue donde nos conocimos, donde entraste en mi vida de golpe, metiéndote conmigo pero haciéndome feliz el resto de mis días.
Empecé a divagar entre las estanterías, mirando y ojeando caratulas de cd's, viejos y nuevos, conocidos y desconocidos cuando me tope con el nuestro ultimo álbum. Lo cogí entre mis manos observando la caratula que me sabía de memoria, recordando las canciones que tocaba una y otra vez durante los conciertos y el dolor que supuso escribir muchas de ellas, pensando en ti, dedicándotelo en cuerpo y alma, porque este álbum eres tú.

De pronto me sentí observado, alcé la mirada en busca del culpable de esa sensación y vi a una chica, con la ropa tan mojada como la mía, el pelo despeinado y mojado, marcas de ojeras y de maquillaje mal quitado en sus ojos marrones que no me miraban a mi, si no a mis manos.
Suspiré internamente, hoy no me apetecía toparme con seguidores, hoy no podía enfrentarme a ellos con una sonrisa, pero supongo que cuando eres famoso es imposible que no te reconozcan y más cuando llevas unos tatuajes en los dedos que te delatan allá a donde vayas y con cualquier cosa que lleves puesta.
La chica notó que la había pillado y se sonrojó ligeramente sin atreverse del todo a dar el paso y acercarse a mi y cuando ya creía que se iba a dar por vencida avanzó hacia mi. Me preparé mentalmente; una sonrisa, un autógrafo, un par de comentarios corteses y quizá una foto. Después tendría que salir de allí pues con eso ya habría llamado la atención de la gente.

- Perdona...- dijo tímidamente.- ¿Tienes hora?

Alcé las cejas sorprendido, quizá no me hubiese reconocido, quizá no supiese quien era.

- Las ocho y veinte.- dije aliviado pensando en que no miraba mis manos, ni mis tatuajes, ni el cd, sino mi reloj.

- Gracias.- y al bajar la mirada, te fijaste en el álbum que aun sostenía.- No los conozco, ¿son buenos?

Sonreí levemente.

- Eso dicen.- comenté.- Pero para gustos están los colores.

- Bueno, tienes pinta de saber de este tema.- me cogiste el álbum de las manos sin preguntarme y ojeaste la caratula.- Es oscura... y capta a la perfección el nombre del álbum.- reflexionaste en voz alta, sin que supiera muy bien si te estabas dirigiendo a mi o hablabas tú sola.- Los títulos de las canciones son interesantes ¿Me lo recomiendas?

- No sabría que decirte, no conozco tus gustos musicales.

- Eso no importa, muchas veces hay que escuchar algo totalmente distinto a lo que te gusta para descubrir grupos y estilos que podrían llegar a apasionarte. Si te quedas anclado en un tipo de música nunca sabrás lo que te has perdido

Me quedé sorprendido por sus palabras, nunca había conocido a nadie que fuese a una tienda de este tipo a comprar discos al azar, sin saber si le iban a gustar o no. Ella se dio cuenta de la expresión extraña que acababa de poner e hizo una mueca de disculpa.

- Lo siento... seguramente tengas cosas que hacer, discos que mirar... y aquí estoy yo entreteniéndote y hablando...

- No te lo recomiendo.- le interrumpí de pronto.

Ella se quedó callada, mirándome sorprendida con el álbum aun entre sus dedos; se lo cogí y lo volví a dejar en sus sitio. No quería que le gustara, que le apasionara, no quería que fuese una de esas chicas que me reconocían en las tiendas de discos, en aeropuertos, en la calle... no quería algo tan triste como nuestro último álbum le quitasen esa sonrisa y ese entusiasmo.

Sin decir nada más me di media vuelta y me dirigí hacia la salida.

- ¡Oye!- la chica me llamó y yo me di la vuelta para mirarla, ella tenía de nuevo nuestro álbum en sus manos, apretado contra su pecho.- ¿Cómo te llamas?

Sonreí, metiéndome las manos en los bolsillos. Había dejado de llover y el cielo estaba comenzando a despejarse lentamente. Ella era como un pequeño rayo de sol.

- Brian.- le contesté.

- Encantada de conocerte, Brian. Cuando nos volvamos a encontrar te daré mi opinión del cd que no me has recomendado.- dijo sonriendo.

- Gracias.-le solté sin pensar.

- ¿Por qué?- parecías confundida.

- Por haberme preguntado la hora.- y no haberme reconocido, dije para mis adentros.

Ella seguía confusa pero yo volví a darme la vuelta, tras dirigirla una última sonrisa, y salí de la tienda.
Gracias por seguir cuidándome, Jimmy pensé mirando al cielo, gracias por haberla cruzado en mi camino como lo hiciste tú.


¿Continuará...?

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