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viernes, 21 de junio de 2013

Te espero al final del arcoiris

Él era gris, como su traje. Ella brillaba con toda la gama cromática de colores.

Él dejaba pasar la vida, día tras día, rutina, monotonía, sin novedades ni ilusiones. Ella luchaba para que cada día fuera diferente al anterior y peor que el siguiente.

Él era más de gatos. Ella adoraba los lametones de los perros.

Él operaba con números. Ella hacía sopas de letras.

Él se limitaba a andar por la vida sin dejar ni una mísera huella. Ella producía autenticas cicatrices.

Eran polos opuestos y como tal se atrajeron. En una ciudad de tres millones de habitantes ellos hallaron el modo de encontrarse, de mezclarse, de enredarse tanto el uno en el otro que no hubieran sobrevivido por separado. De peleas, besos y caricias multicolor. Del gris al rosa más luminoso y del rosa más luminoso al gris.

No coincidían en nada salvo en una cosa.

Él la quería. Ella también.


3 comentarios:

  1. El yin y el yang, mai wipon! XDDDDD
    Estoy de acuerdo con Nora.


    Bueeeeeeno, y con estoy de por finalizado mi acoso blogguero, ya no hay ni una entrada en este pequeño rincón del ciberespacio que no tenga un pedacito de mí en forma de comentario, por cutre que sea, e incluso algunas entradas dos pedacitas, que derroche, que alboroto!

    SORPRESAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! Pa' que lo gose tu body!

    No, en serio, no sólo he comentado, si no que para comentar también he leído, o sea que me he leído todo tu blog (que tampoco es mucho ¬¬) esta noche, y me gusta verme muy presente en tu vida durante todo este tiempo. Lo he leído y es como: madre mía, que apenas nos ha cambiado la vida estos años, que apenas hemos cambiado. Pero no cambiamos, evolucionamos. Y juntas. Bonito. Te quiero.

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