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domingo, 13 de julio de 2014

De cómo conocí Holanda

¡Muy buenos días a todos!

Vuelvo al blog después de unas minis vacaciones. Fuera de España. Por fin. Hacía mucho que no montaba en avión para irme lejos lejos y me ha encantado volver a sentir esa sensación, lo que no me ha encantado tanto ha sido el tema de no facturar maleta y los requesitos que te exigen para el equipaje de mano. De verdad no sabes hasta que punto necesitas líquidos hasta que tienes que viajar sin facturar la maleta.
Pero dejando eso a un lado, he decidido contaros brevemente la experiencia de viajar por Holanda.

Persona Especial y yo nos alojamos con su hermano en Eindhoven una ciudad con cierto encanto que según la guía de viajes nadie que pase por Holanda visitará a no ser que vaya a hacer negocios o a visitar a algún familiar.
De modo que esta ciudad "aburrida" según la guía sería nuestro hogar los próximos 7 días.

Al llegar decidimos dar una vuelta por un mercado típico que ponían Martes y Sábado y allí probamos tres cosas típicas de Holanda (por lo visto casi las únicas):

1. Stroopwafels, dos galletas unidas por caramelo
2. Kibbeling, pescado rebozado (que engorda muchísimo y está para chuparse los dedos)
3. Herring, otro tipo de pescado "preparado" pero que está prácticamente crudo con cebolla. Demasiado crudo para mi gusto tengo que decir. Apenas probé un bocado y tuve suficiente como para saber que no seríamos grandes amigos.

Y también comimos como unas tortas turcas que estaban riquísimas rellenas de carne, pollo al curry o espinacas.










Terminamos de visitar un poco Eindhoven (La catedral es preciosa) y después estuvimos planeando las ciudades que visitaríamos a lo largo del viaje. En un principio pensamos en alquilar un coche pero los holandeses ponen todo tipo de trabas así que dejamos ese plan de lado que nos hubiera llevado a visitar Bélgica y Alemania y nos centramos en visitar Holanda, diferentes ciudades, conectadas mediante el tren (bastante caro por cierto si no viajas en grupo).

Nuestro primer destino fue el Parque Nacional Hoge Veluwe, no muy típico, lo sé, pero pensamos que sería algo divertido y romperíamos la rutina de ver ciudades ciudades y más ciudades. En la entrada había un enorme parking de bicis que podías coger de forma gratuita (bueno habías pagado la entrada al parque) para visitar el parque. Confieso que de pequeña no puse demasiado interés en aprender a montar en bici y por eso cuando vi el panorama dije venga... es tu momento para aprender de una vez por todas. Persona Especial se puso conmigo con paciencia y en un rato pasando bastante miedo al final conseguí mantenerme recta y aprender a arrancar después de parar.
El parque es precioso y pasamos un día genial al aire libre.







Al día siguiente fuimos a La Haya y a su playa, porque yo no tenía ni idea, pero La Haya tiene playa (y además queda tan bien decirlo jijijiji) así que tras una hora de caminata (porque decidimos gastar lo menos posible y el tranvía iba hasta arriba de gente) llegamos a una playa bastante más grande de lo que me había imaginado y con el agua más helada que he pisado en mi vida (sí, solo me atreví a meter los pies), comimos en una pizzeria (yuju! Pizza!) y tomamos café en un café-bar italiano porque el café es algo que los holandeses no hacen bien, los que tomábamos en diferentes bares estaban realmente malos, de verdad, eso era agua oscura.

Tras descansar un rato teníamos que deshacer el camino andando (otra hora de camino) para llegar al famoso Tribunal de Justicia pasando por el paseo de banderas de todos los países.
Para terminar el día nos sentamos en una terraza a tomar una cerveza bien fresquita que nos supo a verdadera gloria.












El sábado nos quedamos en Eindhoven para volver a visitar el mercado, también estuvimos visitando el campus universitario que de verdad es impresionante enorme, moderno, con unas instalaciones que ya quisieramos tener en España y una biblioteca que quita el hipo, por poner un dato, cuentan con unas 10 salas (creo recordar) para trabajos en grupo cada una equipada con pizarras digitales, o por ejemplo tienen Ipads con buscadores para que los alumnos puedan buscar el libro que desean coger, café gratis (solo tienes que llevarte tu taza de casa para poder beberlo) o comprando por 0,40 céntimos, también cuenta con una sala de reprografía con varias impresoras/fotocopiadores/escáners, encuadernadoras, taladradoras y dos plotter, sillones (sillones y sofás de verdad) para descansar... Me quedé maravillada como podéis leer. Y es real aunque no puedo poner fotos primero porque no me llevé la cámara y segundo porque no estaba permitido hacer fotos. Pero os juro que todo lo que he dicho es real.

Por la tarde fuimos a Hertogenbosch o Den Bosch, una pequeña ciudad (de las más antiguas de los Países Bajos) con una preciosa catedral, preciosa y enorme donde pasamos una agradable tarde de relax.








El domingo fue el día elegido para visitar Ámsterdam, justo el día que peor tiempo nos hizo (90% de posibilidad de lluvia como pronóstico que se cumplió bastante bien). Ámsterdam es, por supuesto, una ciudad que si quieres aprovechar y exprimir al máximo tienes que visitar varios días y por supuesto hacerte la amsterdam card en la que tienes incluida la entrada a museos que cuestan bastante. Nosotros solo teníamos un día así que nos dedicamos a recorrer las calles, plazas y edificios emblemáticos en vez de entrar en todos los museos que hay. Al único sitio que fuimos fue a la casa de Ana Frank porque yo tenía muchas ganas así que arrastré a los demás conmigo (aunque no tengo fotos porque no estaba permitido), es sobrecogedora y te entran ganas de echarte a llorar al ver lo que es capaz de hacer la raza humana (había expuesto un libro con 106,000 nombres -creo recordar-  de judíos muertos en campos de concentración, abierto por la página en la que estaba el de Ana Frank). 

Una de las cosas que me sorprendieron de Holanda en general es que tienes que pagar para ir al baño en casi cualquier sitio, incluso si estas consumiendo en el bar/restaurante, da igual los 0,50 céntimos (un poco más o un poco menos) te los piden en cualquier sitio, y alli esta un vigilante para que lo pagues.

Otro de los sitios que disfrutamos mucho fue el Mercado de las Flores, precioso y la multitud de tiendas de queso holandés de todos los sabores inimaginables (yo me compré un queso con cominos delicioso) y con un montón de muestras para probar todos y cada uno. 

Y podíamos irnos sin visitar el famoso Barrio Rojo de Ámsterdam al caer la noche, que a mi me impresionó bastante.



















Y el lunes, último día en Holanda, decidido visitar Maastricht otra de las más antiguas ciudades de los Países Bajos con mucho encanto a la que fuimos bastante relajados al ser el último día y estar molidos de toda la semana que habíamos pasado.










La vuelta a casa fue pasada por agua y por sueño. Nos quedamos fritos en seguida.



En resumen, ha sido un país que me ha encantado en cuanto a paisajes y ciudades, el tiempo que nos ha hecho ha sido de todo un poco y hemos pasado muchas anécdotas dignas de contar. He venido encantada y estoy deseando volver a subirme a un avión e irme a cualquier sitio, aunque de momento tendré que quedarme encerrada en casita deprimida hasta que mi economía se recupere.

Si has llegado hasta aqui te doy la enhorabuena porque creo que me he pasado un poquito con la entrada, laalalala.

¡Un saludo, pequeños saltamontes!

2 comentarios:

  1. Qué bonitas fotos, sobre todo las de Hertogenbosch y las del bloque de Amsterdam :)

    Y qué bonita envidia xDDD

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  2. Muchas gracias, Miss Madrid (xDDDDDDDD)

    Hertogenbosch es muy muy bonita, tiene mucho encanto
    Un besazo,
    Elena (sin más xDDDD)

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